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CANTOS RODADOS. MEMORIAS DE UN EXILIO QUE GANE Y DE UNA GUERRA QUE AUN NO GANO
Título:
CANTOS RODADOS. MEMORIAS DE UN EXILIO QUE GANE Y DE UNA GUERRA QUE AUN NO GANO
Subtítulo:
Autor:
RÍUS, PILAR
Editorial:
LIBRERIA Y EDITORIAL RENACIMIE
Año de edición:
2019
ISBN:
978-84-17550-96-7
Páginas:
2019
disponibilidad:
DISPONIBLE ¡CONSULTE ANTES DE VENIR!
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Sinopsis

No es este un relato de guerra, aunque sean las guerras las que trazaron el destino de Pilar Rius, tampoco es estrictamente un relato autobiográfico, aunque esté escrito en primera persona, tampoco es una novela, aunque tenga elementos de ficción. Estas páginas son un cúmulo de emociones: llanto por una infancia truncada, por la abuela y por el cálido entorno familiar, felicidad explosiva en el amor, la emoción, por otra parte llena de dudas, de la maternidad, la satisfacción de una exitosa carrera académica, el dolor por el desamor materno y la alegría, sobre todo, la alegría, por la presencia de papá, por los primos, por el colegio. El desconsuelo y la rabia por la España secuestrada por el fascismo, por los que se quedaron a sufrir persecución y humillaciones. La desazón por el patriarcado que ensombreció su felicidad doméstica, la delicia del trato con sus hijos, el miedo de no estar a la altura de las expectativas de los demás. La culpa, esa maldición que construyeron los que querían esclavizar y que, a pesar de la educación liberal de sus padres, se manifestaba con frecuencia en el seno familiar. Relatada con autenticidad y humor; desnuda, entrañable, la reseña de tantas batallas ganadas y perdidas es un testimonio de pérdida y sufrimiento, pero también de gratitud por la solidaridad y grandeza humana de su segunda patria, y de esperanza en que lo mejor está por venir. Pilar Rius. Entre los niños forzados a abandonar sus familias para escapar del infierno de la Guerra Civil yo fui afortunada; algunos tuvieron un destino lleno de carencias, en la Rusia Soviética, otros, como los niños de Morelia, en México, fueron recibidos con cariño, alimentados y educados, pero sin sus padres. Los hubo que, incorporados a sus familias de adopción, nunca volvieron a sus orígenes, ni menos conocieron a sus padres biológicos. Yo salí de España con mis padres y viví en un Pensionat de Normandía los primeros meses de exilio, después, a papá lo comisionaron, en París, a una empresa española que abastecía a la República. Allí nos sorprendió la II Guerra Mundial y otra vez a hacer las maletas. Al subirnos al Statendam, el barco que nos trasladaría a México ?siempre con la amenaza de los submarinos alemanes? me despedí de mi infancia en Tarancón, de mis abuelos, de mis tíos y de mi niñera María Luisa, de las expediciones a coger uvas, de las tardes con mi abuela María: el piano y a bailar con el tío Pepe que era muy jovencito, las natillas, los disfraces de mamarrachos; adiós a una infancia feliz y un futuro lleno de promesas. En México, solidario, generoso, fraternal, me esperaba una vida nueva, libre de los horrores de la guerra; en México, mi otra patria, construí una familia y desarrollé una vocación. En esta hermosa tierra he crecido, me he hecho mujer y ahora, muy anciana, vivo una existencia apacible y suave, como los cantos rodados del río de mi pueblo manchego.